lundi 27 décembre 2010

Blanca Navidad

O como pasar las fiestas a cienes y cienes de kilómetros de tu casa y aún así disfrutar como una enana. Vayamos por partes.

Día 24. Primeros llantos hablando con mamá. Lo de pasar su cumple sola lo llevó nada más que regular, y claro, yo pensando en ello pues también me puse mal y me fui a trabajar (la après midi) pos na mas que regular también. Trabajar de tarde es la mierda más grande de la historia, pero las horas van pasando amenizadas por algún delirium tremens y al final pues te echas unas risas. Y la vuelta a casa con más frío que otra cosa y encontrarte una cena épica: gambas, jamón serrano, salmón, etc etc. Y vinito, y ron y tequila y yo nunca. Una Navidad diferente donde las haya.
Y llegó el día 25. Amanecimos con algunos grados bajo 0 camino a la estación. Llegamos y sorpresa, nos hemos equivocado de tren y tenemos que esperar una hora en la estación. No importa, hoy nada importa. Al final lo cogimos, y tras dos horas llegamos al destino: París, oh là là ahora sí que sí. ¿Dónde vamos? pregunta estúpida. Primero de todo, Torre Eiffel. El suelo nevado y el sol en el cielo, pero más frío que, ahora sí, en Châteauroux. Y fotitos de turno, llaveros de Torre Eiffel 6 a 1€. 18 me llevé, que no falten. Un día en París, ¿qué podemos hacer? pues paseo en el Sena, 8 euros y mareo asegurado. No sin antes llenar el estómago con un crèpe y unas patatas. Super romántico todo, y menos mal que duró poco. Entonces llega el dilema. ¿Qué hacemos ahora?. Las 4 de la tarde y parecía que eran las 8 mínimo, y sin lugar donde dormir. Dilema al canto, ¿vuelta a Châteauroux o búsqueda a ciegas de un hostal cutre?. Optamos por lo segundo, aunque nuestro destino era Notre Dame, pero por el camino nos paramos en un par de hostales de mala muerte, parecían puticlubs pero a precios asequibles, así que nos decantamos por uno con una discoteca abajo, no para salir de marcha que eso ya no se estila en mí, si no para amenizarnos la noche con Danza kuduro y Waka-waka. En fin, que seguimos a lo nuestro con ya un techo seguro para la noche y nos acercamos a ver Notre Dame. Qué maravilla, anocheciendo iluminado y el Jorobado por allí dando vueltas. Entramos a la catedral abarrotada de gente dispuesta a tragarse la misa de Navidad, pero no estábamos para mariconadas así que nos fuimos a por el billete del día siguiente y de vuelta al barrio latino, nos tomamos una cerveza en el happy hour de un bar cuyo nombre no recuerdo. Medio litro de cerveza 4€ no está nada mal, estando donde estábamos, así que ahí nos quedamos un rato cuando de repente se puso al piano un chico, muchacho, homme, no sabría definir su edad pero lo que hizo me maravilló, cantó las canciones justas en el momento exacto. Momento místico para rematar un día increíble. Al final no aguanté y me saltaron unas lágrimas tontas, no sé si por el parecido del cantante con alguien conocido o por las canciones que me recordaban tantas cosas, el caso es que me vi allí, en París, con dos personas que conozco desde hace dos meses, tomando una cerveza tan cerca de Notre Dame y tan lejos de todo lo mío. Pero realmente lo disfruté, cada minuto que pasé allí era mágico, el ambiente parisino, la gente, la compañía, el puto frío. Todo maravilloso. Y de vuelta a la realidad, nos fuimos a cenar a un italiano más o menos asequible y pronto para el hotel, que estábamos reventadas y al día siguiente nos quedaba un paseo todavía.
Y despertamos a eso de las 8, con desayuno en el hotel-prostíbulo y muchas ganas de ver cosas. Primera parada: Sacre Coeur, preciosas vistas de todo París nevado y un tímido sol asomando entre las nubes. Luego al Moulin Rouge, y la avenida con más sex-shops que he visto jamás. Lo siguiente fue el Arco del Triunfo, luego bajar por los Campos Elíseos para llegar al Gran Palacio y junto a él, el pequeñín. Luego el Puente cuyo nombre no recuerdo, ah sí, el regalo de los rusos que era más hortera que otra cosa. Estuvimos ahí un rato haciéndonos fotos con la Torre Eiffel de fondo y seguimos el paseo, a la Asamblea Nacional, Museo de Orsay y el magnífico Louvre. Eso sí, todo por fuera que entrar a cada sitio costaba un rein y parte del otro. Total, que eran las 2 de la tarde y estábamos que nos moríamos de hambre, encontramos un McDonalds y allí que nos metimos a llenar el estómago. Y tras ese momento de relax, continuamos hasta la plaza de la República y luego la Bastilla, para terminar nuestro día tomando un café en una terraza. Ah no, que eran como 5 euros un café de maquina puerco, así que nos fuimos para la estación a esperar que saliera nuestro tren de vuelta a casa, con retraso y todo, que poco más y no llegamos al trabajo al día siguiente (de mañana, 6 y media concretamente).
Pues eso, que llegamos reventadas y con los ojos hechicos peazos de las super lentillas de colores que nos habíamos comprado. Pero realmente ha sido un fin de semana superbe, y hoy, martes, solo puedo pensar que mañana a esta hora estaré en el avión a pocas horas de España. Y eso que no ha sido mi mejor día. Pero eso ya lo contaré en otro momento, esta entrada está llena de felicidad y no quiero chafarla con las paranoyas de turno.

Blanca y Feliz Navidad para todos :)

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