Son inevitables las comparaciones. De cómo tal día como éste, segundo sábado del año, me encuentro en mi salón, en internet, mientras mi maleta sigue a medio hacer, los nervios empiezan a apoderarse de mí, y viendo al Barça en la tele (quizás esto último no es igual).
El caso es que no sé si me gustan las aventuras, o simplemente intento huir desesperadamente de mi entorno. Y más ahora, que no me ata rien du tout. Ni familia, ni (casi) amigos, ni mi corazón. Me siento libre, o puede que sola. Da igual, el caso es que mañana estaré cogiendo la misma maleta que hace un año, serán las mismas lágrimas de hace un año, y la misma sensación de no saber si he hecho lo correcto. Con todo. Siempre esa incertidumbre de, ¿qué hubiera pasado?. Pero sí, mejor así.
"Porque no se da cuenta que así no, ¡que no va bien!". Pero sinceramente, eh. Que no me gusta que me busquen las cosquillas, ni que me toquen la barriga, y menos los couilles. Pero bueno, parece que hay cosas que nunca cambian.
Y nada, me voy a terminar la maleta, mañana me espera un largo día y me da tanta pereza pensarlo que mejor irme a la cama pronto.
À plus tard...
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