31/10
Tras la visita ayer de Ana, la tarta que me preparó que aaay omá que rica, los nervios, el irme a la cama a las 11 y media y una llamada inesperada a media noche, me suena el despertador a las 3 y media, el vuelo salía a las 6 y media así que digo, voy tranquilita y con tiempo. Me duché, me preparé un cafelito, y se levanta mi madre: “niña, ¿has cambiado la hora?” obviamente no, pero el café estaba hecho, no me iba a ir a la cama otra vez, así que terminé de terminar la maleta pero se me olvidó pesarla. Resultado: 25.5 kg, “cada kg de más son 20 €”. Y un capullo, a sacar cosas en mitad del aeropuerto. ¿Apuntes del EIR? Pfff nada, se quedan en Málaga, junto con unos tenis y algo de ropa. Al final 21 kg, no está nada mal. Pues nada, paso por el arco del triunfo, me dirijo a embarcar, nos sacan cual ganado, sin autobús ni pasarela, ¡para qué!, pues yo que sé, en mitad de la calle podré fumar, DIGO YO. Pues no, me hacen tirar el cigarro entero y con los pies empapados, porque había caído la de dios, me meto en el avión y se me sienta un niño porculero al lado, intento dormir y tooodo el solano en la cara, eso sí, amanecer bonito bonito.
Debo ser negra, la puta azafata española que se creía guay por hablarle a todo el mundo en inglés no me ofrecía nada, ni siquiera pagando.
En fin, llegamos a París-Beauvois, aeropuerto cutre donde los haya, y el autobús que nos lleva al centro, se me sienta uno al lado y me dice algo que no comprendo, me pongo mis gafas de sol y me aíslo del mundo.
Llego al centro mismo de París, a la Porte de Maillard o algo así (¡ah no, que ese era el de la reacción!) bueno, pues cargada como iba, no veía el momento de que un puto taxi me llevara a la estación de Austerliz, así que le pregunto a un amable taxista morenito que si me llevaba, me dice ¡que va mujer, si en metro se llega muy fácil! Y yo, ¿EN SERIO?. Pues nada, tira pal metro mujer, escaleras parriba escaleras pabajo, los callos en las manos a estas horas no son ni normales ya, la gente amabilísima que te cagas, el único que me ofreció ayuda fue un turista inglés, pero yo lo rechacé, ya por orgullo de que la maleta no iba a poder conmigo. Y finalmente, tras un viaje en metro más que accidentado (véase, trasbordo fallido a la altura de la Plaza de la Bastilla), el último tramo lo hice andando y llegué a la puta estación. No, si cuando yo decía que 5 horas entre avión y tren no era tanto lo decía por algo. Serían como las 12 y media, me compro el billete y la tía se equivoca o lo hace aposta, NO LO SÉ, el caso es que tenía 2 minutos para coger el tren, así que a correr amiga, venga que podemos.
Yo que sé yo estaba ya pa irme a dormir, me comí un bocadillo feo y helado cuando pasó el tío del carrito y cuando por fin llegué al puto Chateauroux allí estaba la enfermera española, Ana para los amigos y para mí (¡coincidencias!). luego llegó la tía que en principio venía a recogerme con una cara de siesa que no podía con ella, me llevaron a mi nuevo hogar, residencia antigua y cutrecilla pero no está mal, aunque una sartencilla o un cazo pa cocerme la pasta habría estado que te cagas de bien, pero no, mañana me toca viaje al Carrefour.
De momento unas series (¡no tengo Internet, bien!) y a dormir, a las 7 de la tarde ME DA IGUAL, estoy cansada.
Oigo gente en el pasillo, esta residencia por lo visto es de “nuevos trabajadores”, así que supongo que habrá gente de mi edad. Esperaré a mañana, a las chicas de Jaén a ver que se cuentan, ya habrá tiempo de hacer amigos cuando tenga el estómago lleno no solo de plátanos.
AU REVOIR!
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