Pues eso, ha sido un día productivo. Se han reído de mí como unas 10 personas mientras hacía el relevo a la enfermera de la tarde. Dos pacientes, DOS, para mí sola, Madame Gillet y Madame Longin. Lo más triste de la historia. No porque no supiera qué decir, si no porque no me salían las palabras. Lo tenía todo planeado, escrito, pero se ve que eso no basta. Mañana será otro día, día que empieza el curso de francés. Lo bueno: las dos horas que dura me las descuentan de mi jornada laboral, así que los madrugones infernales se reducen a menos de la mitad por lo menos hasta enero, ¡bien!. La mademoiselle Boskin, mi enfermera no me da ni un respiro, y llegar a las 2 de la tarde con un triste café y una galletilla de cookies que me tomo cuando salgo de casa, me hace querer morir a cada momento. Eso sí, oportuna presentación de Ana, la enfermera portuguesa de la residencia con coche y mismos turnos que yo. Un lujo que con este frío se agradece. Y con tanto ajetreo he comido un sandwich mixto (para variar) camino del McDonalds, donde me he comprado unas patatillas y al llegar a casa yogur y café. Dieta sana sana.
Por fin con internet, lento eso sí, pero algo es algo. Cuando tenga la webcam podré al fin dominar el mundo.
Duchita refrescante y me subo al piso de las chicas, que me van a hacer comida mexicana. Me leen el pensamiento, siempre cocinan lo mismo que yo. O será al revés, NO LO SÉ, pero hoy me libro de fregar los platos. Siempre se agradece la compañía, filosofar acerca de infecciones nosocomiales y de las dudosas técnicas enfermeras en Francia (nada que envidiar a las finlandesas, por cierto), que ya mismo voy a empezar a hablar con el cenicero, esperando con ansia el día en que rebose (y quién dice cenicero dice cuenco de cocina bastante grande, pero es mi gran meta aquí en Shatorrú).
Y poco más, Bon appetit et à demain! ^^
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